Mis lágrimas han mojado la funda de tu almohada, así que la doy vuelta. Acabas de irte y otra vez estoy sola. Es cierto que esta vez no tienes la culpa. El culpable es el trabajo. Y allí estoy, mirando al techo. No tengo sueño, pero se que si no me duermo mi cabeza empezará a dar vueltas y más vueltas y acabaré flotando por tu habitación en el mar de mis propias lágrimas. No se porque lloro. Simplemente tengo ganas. Siempre tengo ganas cuando te vas por las mañanas y me quedo sola, esperándote otra vez. Y de gritar. De gritar tan alto que me oigan el pasado y el futuro. Para que se anden con cuidado de separarnos otra vez. Te imagino de camino al trabajo… fumando. Estarás llegando a la Iglesia redonda…En cinco horas serás mío otra vez, aunque solo por tres horas mas. Y luego otra vez sola, esperándote. Me pregunto si no sería mejor no venir a verte. Seguramente si, pero si no lo hago no puedo llevarme sonrisas y besos para mis noches de huida. Aunque, a veces, no me llevo todos los que necesito. ¿Que has hecho con el beso con alas que te regale?... Estoy cansada de esto. Quiero desayunar tus labios todas las mañanas, y quiero hacerlo sin prisa. Quiero poder tomarme mi tiempo. Quiero ver tu letra en la lista de la compra y tus calcetines tirados por el suelo de nuestra habitación. Nuestra. Quiero saber que te veré mañana y pasado y al otro, y todas los mañanas. Ya estarás llegando a la Plaza Mayor… Quiero saber que esto tiene sentido. Que nunca ha dejado de tenerlo. Ya empiezo otra vez, no tengo remedio. Tengo que dormirme o tocaré fondo. Cierro los ojos e intento imaginar tu respiración en mi oído, como anoche. Solo tengo que dejar de pensar, darme un respiro. Ya estarás por la Casa de las Conchas… Seguro que llevas las gafas sucias… Duérmete, me digo. ¡Duérmete!. ¿Un mensaje? Es tuyo: De todos los sitios del universo, ahí, contigo.

Me asomo a la ventana. ¡Hace un día esplendido!. Mientras me estiro con el sol acariciándome la cara, me planifico la mañana: voy a ir a desayunar tarta de chocolate y zumo de naranja al Mandala y, después, iré a comprar abalorios. Azules como mis lágrimas de hoy, y verdes como tus ojos.