Un sueño recurrente me despierta en la noche y, por un segundo, me siento aterrada al saberme en el comienzo de unas largas horas de conocida angustia. Pero tras ese instante, noto que esta vez no es como siempre, hay algo diferente, como una gran calidez que no me deja moverme, y es entonces cuando me descubro prisionera de tus brazos. Y así, inmóvil, dejo que tu mano meciendo mi vientre y tus labios besando mi nuca manden mi miedo a un exilio lejos de la cama.

Y poco a poco me duermo, prisionera de tus brazos...prisionera de tus brazos y vacía de angustia.