Un avión para las noches de huida.
...Y cuando aquel hombre encantador abrió la caja de cartón, ella se sintió fascinada por aquel pequeño gran tesoro: toda una flota de aviones en miniatura.
- Vamos cantabrona, elige uno - la dijo, y ella los observó detenidamente. Sin duda, un regalo tan maravilloso debía escogerse bien.
Mientras los miraba uno a uno, se preguntó cuantas horas habría dedicado aquel hombre que la sonreía a construir con pinzas y palillos aquellos avioncitos de mil colores. ¿Y por que aviones?, seguramente para poder volar de recuerdo en recuerdo mientras los construía.
Finalmente, ella eligió uno de color amarillo cálido. Tan cálido como en un futuro recordaría aquel atardecer de agosto. Tan cálido como el afecto que aquel hombre encantador desprendía.
Y fue una buena elección. Porque desde entonces, en las noches de huida, al cerrar los ojos aquel avioncito la transportaba lejos, muy lejos, a la calidez de los brazos de su gran amor: el hijo de aquel hombre encantador.

