Como quien se lava los dientes antes de acostarse
A veces Ella no sabe donde narices ha puesto la ilusión, lo único que sabe es que no la encuentra. Quizá la perdió en un septiembre que es octubre y que nunca llega. Y así, cansada de esperar esperando, se convierte en una niña caprichosa, egoísta y estúpida. Y muy injusta. Y se queda quieta y callada, sin hacer nada, mientras observa.
Y lo que ve es a Él a lo lejos, que a veces la llama por teléfono, siempre por las noches, siempre a la misma hora, sin sorpresas, sin espontaneidad, sin anhelo, sólo como quien se lava los dientes antes de acostarse.

